Antes de sumergirme en la performance como medio de expresión, ya utilizaba la pintura, el dibujo y la instalación como territorios de investigación donde el cuerpo quedaba implicado de distintas maneras. A veces a través de fragmentos fotográficos de mi propio cuerpo, otras con pelo, vestidos cosidos o cadenas que convertían la pieza en cuerpo y al cuerpo en pieza.
La pintura, la instalación y el dibujo han sido siempre para mí espacios donde imprimir pensamiento y acción, y donde a menudo la participación del público era parte esencial del trabajo. En la instalación Tiempo (2011), por ejemplo, era condición sine qua non quitarse el reloj para entrar en la exposición; en Vull que m’escoltis (2011), el público acabó llenando un cristal de post-its hasta cubrir por completo la instalación; en el dibujo Te mato (1994), la cabeza de un hombre quedaba tapada con un plástico de monofil hasta ahogarlo.
Estos proyectos visuales, tanto pictóricos como instalativos, anticipan muchas de las preocupaciones que más tarde tomarían cuerpo en la performance: la implicación física, la relación con el otro, la crítica a la violencia y el cuestionamiento de los límites entre arte y vida, y la instalación como ella.
PINTURA Y DIBUJO La pintura y el dibujo han sido mis primeros territorios de investigación. Un espacio donde el cuerpo aparecía fragmentado, cosido, oculto o transformado, dejando entrever silencios y tensiones que todavía no podían ser dichas. El gesto pictórico y el trazo del dibujo me servían para abrir grietas entre la intimidad y la violencia, anticipando lo que más tarde encontraría forma en la performance.
En las instalaciones, el público ha sido a menudo parte indispensable: el tiempo, la escucha, la palabra o el gesto colectivo han completado la pieza. Las obras convertían el espacio en experiencia compartida y en lugar de confrontación con aquello que incomoda. Las instalaciones han sido para mí laboratorios donde poner el cuerpo y la mirada en juego, abriendo la puerta a una práctica artística más relacional y performativa.
ARCHIVO · Primeras obras (1984–2003) Desde muy joven utilicé la pintura y el dibujo como territorios para explorar aquello que todavía no podía expresar con palabras. Ya en estas primeras obras aparecían elementos que más tarde se convertirían en centrales en mi práctica: el cuerpo como materia y metáfora, el silencio como espacio de tensión y la crítica a las relaciones de poder y violencia. Entre 1984 y 2003 desarrollé un conjunto de trabajos donde el gesto pictórico, el trazo y los materiales se convirtieron en vías para interrogarme sobre identidad, vulnerabilidad y resistencia. Estas obras, aunque pertenecen a una etapa inicial, anticipan la línea de investigación que posteriormente cristalizaría en la instalación y en la performance.